sábado, 16 de marzo de 2013
lunes, 4 de marzo de 2013
lunes, 18 de febrero de 2013
Un mes en Copenhague.
Ya ha pasado lo peor, o eso dicen. A veces sigue haciéndose duro estar lejos de casa, sobretodo cuando te quedas solo en tu habitación y tienes tiempo de ponerte a pensar. Por eso es tan importante mantenerse ocupado y estar rodeado de personas. Yo tengo la suerte de disfrutar de ambas cosas: siempre tengo algo que hacer y alguien maravilloso con quién hacerlo.
Mi querida Aggela me dijo la otra noche, mientras estábamos sentadas en un club degustando nuestra 10 copa de champagne: "Luna, I'm so glad I met you". Y esa es la verdad, lo más importante de mi Erasmus. Estoy tan contenta de haber conocido a estas personas, y de sentirlas como una familia en tan solo 30 días, que hace que no sea tan duro el echar de menos a otra gente.
Se hace difícil. Se hacen difíciles las clases, los horarios, y la melancolía de la nieve a través de mi ventanal. Se hace difícil el no poder dormir más de tres horas cuando salgo de fiesta, y sentirme cansada, y añorar mi cama y mis persianas. A veces se hace difícil cuando todo el mundo aún duerme y yo tengo que quedarme en mi cama, y pienso en millones de cosas. Millones. Pero entonces aparece un mensaje de mi Effie, ofreciéndome café y french toast, y acordamos despertar a mi mamma italiana aporreando a su puerta. Y después recibir una invitación para ir a comer a Kolibrien y reírnos de las locuras de la noche. Y regresar a Korallen, y sentirme en familia, y no sentirme sola.
Y adoro nuestros trayectos en tren, en la silent zone, gritando sin parar, riéndonos de punta a punta, haciéndonos millones de fotos. Adoro regresar de fiesta e ir a nuestra cocina, y seguir riéndonos incluso a las seis de la mañana. Y adoro el momento post-fiesta, al día siguiente, muriéndonos con las fotos, sentados en los sillones, junto a la calefacción, intentando afrontar el nuevo día con dignidad.
No voy a negar que ha sido un mes difícil, pero también ha sido probablemente el mejor mes de mi vida.
Mi querida Aggela me dijo la otra noche, mientras estábamos sentadas en un club degustando nuestra 10 copa de champagne: "Luna, I'm so glad I met you". Y esa es la verdad, lo más importante de mi Erasmus. Estoy tan contenta de haber conocido a estas personas, y de sentirlas como una familia en tan solo 30 días, que hace que no sea tan duro el echar de menos a otra gente.
Se hace difícil. Se hacen difíciles las clases, los horarios, y la melancolía de la nieve a través de mi ventanal. Se hace difícil el no poder dormir más de tres horas cuando salgo de fiesta, y sentirme cansada, y añorar mi cama y mis persianas. A veces se hace difícil cuando todo el mundo aún duerme y yo tengo que quedarme en mi cama, y pienso en millones de cosas. Millones. Pero entonces aparece un mensaje de mi Effie, ofreciéndome café y french toast, y acordamos despertar a mi mamma italiana aporreando a su puerta. Y después recibir una invitación para ir a comer a Kolibrien y reírnos de las locuras de la noche. Y regresar a Korallen, y sentirme en familia, y no sentirme sola.
Y adoro nuestros trayectos en tren, en la silent zone, gritando sin parar, riéndonos de punta a punta, haciéndonos millones de fotos. Adoro regresar de fiesta e ir a nuestra cocina, y seguir riéndonos incluso a las seis de la mañana. Y adoro el momento post-fiesta, al día siguiente, muriéndonos con las fotos, sentados en los sillones, junto a la calefacción, intentando afrontar el nuevo día con dignidad.
No voy a negar que ha sido un mes difícil, pero también ha sido probablemente el mejor mes de mi vida.
domingo, 17 de febrero de 2013
miércoles, 13 de febrero de 2013
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